miércoles, 27 de julio de 2011


Publicado en 'PLoS Biology'
Tratan la obesidad a través del sensor cerebral de glucosa
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Foto: DIDIER VIDAL/WIKIMEDIA COMMONS
MADRID, 27 Jul. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Albert Einstein College of Medicine (Estados Unidos) han descrito el proceso por el que el cerebro percibe la dinámica de glucosa del cuerpo, y observaron que un defecto en este proceso de detección de glucosa contribuye al desarrollo de la obesidad y otras enfermedades relacionadas con ésta, lo que ha permitido tratar el sobrepeso a través del sensor cerebral de glucosa, en ratones.

En un artículo publicado en 'PLoS Biology', el equipo de investigadores, dirigido por el doctor Dongsheng Cai, también descubrió que la corrección de este defecto puede normalizar el balance de energía corporal y de este modo tratar la obesidad.

El hipotálamo juega un papel clave en el control de la energía y el equilibrio del peso corporal. Para mantener el equilibrio entre la ingesta y el gasto de energía, el hipotálamo evalúa constantemente los indicadores del nivel de energía de todo el cuerpo mediante el muestreo de las hormonas (por ejemplo, de la insulina y la leptina), así como de los nutrientes (como la glucosa). Aunque sabemos bastante sobre los procesos hormonales del hipotálamo en la regulación de la alimentación, los mecanismos para la detección de nutrientes están mucho menos claros.

Por otra parte, una relación causal entre un defecto en el sensor de nutrientes y la obesidad está aún por verificarse. El equipo dirigido por el doctor Cai ha descubierto una nueva función de un complejo de proteínas: el factor inducible por hipoxia (HIF), en la detección de glucosa del hipotálamo y el balance de energía corporal en ratones.

El HIF es un factor de transcripción nuclear que induce la respuesta a la hipoxia. Cuando el nivel de oxígeno de los tejidos es bajo, el HIF se activa para promover la adaptación metabólica celular y la supervivencia.

Investigaciones recientes han estudiado la participación del HIF en el metabolismo de las células tumorales. "Sin embargo, una cuestión interesante, aunque aun sin explorar, es si el HIF puede ser importante para la regulación del metabolismo de todo el organismo, y, si es así, qué tejidos y células son responsables" comenta el doctor Cai, experto en neuroendocrinología y metabolismo.

El doctor Cai y su grupo examinaron el HIF en el hipotálamo y, sorprendentemente, encontraron que puede ser activado por la glucosa y que esta regulación se asocia con el control del apetito en los ratones.

En la identificación de las bases celulares y moleculares, el equipo encontró que en respuesta a la glucosa, el HIF actúa en un grupo único de sensores de nutrientes en el hipotálamo para inducir al gen POMC - un gen conocido por desempeñar un papel clave en el control hipotalámico de la alimentación y el peso corporal. El equipo demostró también el potencial terapéutico del HIF del hipotálamo para controlar la obesidad. Mediante la estimulación del HIF a través de los genes, los ratones se vuelven resistentes a la obesidad a pesar de un exceso de nutrición.

"Fue un descubrimiento emocionante", explica Cai, "nuestro estudio es el primero en demostrar que, más allá de su función clásica de sensor de oxígeno en las células, el HIF en las neuronas del hipotálamo puede detectar la glucosa para controlar el equilibrio en la ingesta y el gasto de energía, fundamental para la homeostasis del peso corporal. "En general, este estudio pone de manifiesto el papel crucial del HIF neuronal en relacionar el sensor de glucosa en el cerebro con la regulación cerebral del peso corporal y la fisiología del metabolismo". Estos resultados también ponen de relieve una implicación potencial para el desarrollo de activadores del HIF neuronal en el tratamiento y prevención de la obesidad.

miércoles, 6 de julio de 2011

El papel de los genes en la obesidad


¿PADRES OBESOS, HIJOS OBESOS?
Seguro que muchos padres y madres que sufren de obesidad se han planteado en algún momento si su enfermedad afectará también a sus hijos e hijas. ¿Es la genética un factor decisivo? ¿Se puede hacer algo por evitarlo o hay que asumir lo inevitable?
¿Qué es lo que conduce a la obesidad?
Padres y madres deben tomar conciencia y asumir los errores que comenten en su dieta y estilo de vida para evitar trasladarlos a sus hijos, ya que la clave se centra en "comer mejor y moverse más".
El balance energético de una persona puede estar influenciado hasta en un 40% por su herencia genética
•¿De padres obesos, hijos obesos?
Cuando los padres son obesos o uno de ellos lo es, la probabilidad de que sus hijos sean obesos aumenta. De hecho, se estima que los hijos tienen entre un 50% (si uno de los dos progenitores es obeso) y un 80% (si ambos lo son) de probabilidades de serlo también, eso sí, considerando que la genética no es un factor decisivo.
Para entenderlo mejor, aun considerando que ciertos genes predisponen a esta enfermedad, si a ello no se suman otros factores como la falta de ejercicio o una dieta inadecuada rica en grasas o azúcares; en la mayor parte de los casos la obesidad no se desarrollará.

Analicemos el papel que juegan los genes y los últimos avances científicos al respecto.

•Últimos avances científicos
Los estudios en torno al papel que desempeñan los genes en el desarrollo de la obesidad son constantes, si bien aún queda mucho por investigar y por aprender. Lo más importante de todo lo descubierto hasta ahora radica en que se abren nuevas vías de tratamiento que consideran los genes a nivel individual. Esto permite individualizar aún más, si cabe, su terapéutica y que ésta sea más eficaz.

•Los genes de la obesidad
En el desarrollo de la obesidad, además de la influencia que tienen ciertos factores ya conocidos (dieta, ejercicio, factores socioculturales, etc.), otro elemento a considerar es el perfil genético individual. De hecho, está plenamente demostrado que los genes intervienen en el centro del hambre, en la regulación del peso, en el número y tamaño de los adipocitos y en la distribución del tejido graso en diferentes partes del cuerpo, así como en el gasto energético.
Se intuye que el balance energético de una persona puede estar influenciado hasta en un 40% por su herencia genética, afectando tanto a su apetito como a su metabolismo y composición corporal. Por el momento tan sólo han sido detectados algunos de los genes implicados en la aparición de la obesidad, ya que es posible que su número supere la cifra de los 25.000. Algunos de los genes más estudiados en los últimos años son: leptina (gen obese -Ob-) y su receptor (gen diabetes -DB-), moléculas implicadas en la diferenciación de los adipocitos y en el transporte de lípidos (PPAR, Ap 2) y receptores adrenérgicos (ADR 2 y 3), entre otros. ¿Cuál es la aplicación práctica de todo esto? Para tener una idea más clara, se ha demostrado que la alteración del gen receptor adrenérgico beta 3, hace que la persona engorde si no hace ejercicio con regularidad.

En este caso el tratamiento debería apoyarse en el ejercicio físico, más aún que sobre la propia dieta. Por otro lado, las personas no asimilamos por igual todos los nutrientes según nuestra base genética; es decir, asimilamos de forma diferente las proteínas, los hidratos y las grasas. Por tanto, si conocemos dicha información genética, podría recomendarse a cada persona que limitara en menor o mayor medida la ingesta de uno de dichos nutrientes, por ser el que más le perjudicaría frente al tratamiento de su obesidad. De hecho, aquellas personas que sufren de una mutación en el gen PPAR, deben limitar la ingesta de grasas por encima del resto de consideraciones terapéuticas.

Otros ejemplos de defectos genéticos son aquellos que afectan al centro del hambre y de la saciedad situado en nuestro cerebro. Tal es el caso del síndrome de Prader-Willi, una enfermedad de origen genético que provoca en la persona un hambre insaciable y una obesidad extrema desde la infancia. Otros síndromes genéticos reconocidos en la actualidad son: Bardet-Bield, Cohen y Alström-Hallgren, entre otros. En este contexto se abre un amplio horizonte de futuro para el desarrollo de la terapia génica de la obesidad. Un futuro prometedor, puesto que cuando la obesidad esté causada por ausencia o defecto de determinados genes, la incorporación de un gen o fragmento de ADN permitirá subsanar el defecto existente.

•La obesidad, ¿cómo evitarla?
Los avances sobre la obesidad son constantes, si bien nuestro esfuerzo y motivación siguen siendo el arma más eficaz para vencerla. De hecho, la solución más razonable sigue siendo la dieta y el ejercicio, mediante un cambio cultural que suponga aprender a comer mejor y a moverse más, y reduciendo la ingesta de calorías de forma permanente.
Los niños y niñas aprenden por imitación de todo lo que les rodea, en especial de la familia. Por tanto, si quieres evitar que tus hijos desarrollen obesidad, como padre o madre debes adoptar como primera medida "descubrir los errores que cometes en la dieta y el estilo de vida". Ello exige que te informes de cuales son las causas que conducen a la obesidad, que analices las dificultades y busques estrategias o soluciones empleando los recursos necesarios y que solicites ayuda cuando sea preciso a profesionales cualificados.

•Cuanto antes actúes, mejor
Ante la obesidad se ha de actuar cuanto antes para prevenir dificultades mayores y más permanentes. De hecho, se ha demostrado que si el niño/a padece sobrepeso entre los 6 meses y los 7 años de edad, tiene un 40% de posibilidades de ser un adulto obeso, mientras que si éste se presenta entre los 6 y 13 años, la posibilidad aumenta hasta el 70%.

http://www.fundacioneroski.es/

martes, 21 de junio de 2011

La Discriminación Que Sufren Las Personas Con Obesidad


En la sociedad actual, se sobrevalora la apariencia y belleza física. La delgadez es tomada como un valor supremo, por lo que muchas personas comenten actos que ponen en severo riesgo su salud para entrar en estos modelos ideales. Los trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia crecen cada día de forma alarmante y no existen hasta el momento políticas de prevención que puedan frenar este fenómeno.

En esta lucha desesperada por alcanzar el peso más bajo posible, el obeso es visto como aquello a lo que se tiene miedo y no se quiere llegar a ser. Las personas obesas sufren constantemente la humillación y la discriminación de una sociedad que no está adaptada para ellos, que les teme y los rechaza.

A pesar de que la obesidad es una enfermedad que necesita tratamiento, no se puede excluir al obeso hasta que tome la decisión de recuperar su salud. La sociedad debe aceptar y respetar a la persona excedida de peso y brindarle las mismas posibilidades que al resto de los individuos.

Las personas tienden a pensar 'que está así porque quiere', 'no tiene voluntad' o 'no quiere adelgazar'. Se ve al obeso como alguien carente de voluntad y compromiso, un prejuicio incierto e infundado. Muchos empleadores toman estos y otros argumentos para rechazarlos. Asimismo, creen (o dicen creer) que es una enfermedad que condiciona el desempeño de los quehaceres laborales. Si bien esto puede ser cierto en algunos casos, hay muchas tareas que pueden desarrollar personas obesas o delgadas por igual. La obesidad no afecta la capacidad intelectual.

La discriminación no sólo se ve en el rechazo de los demás. El obeso se siente excluido a la hora de vestirse, viajar en transporte público o concurrir a ciertos lugares públicos.

Los grandes almacenes de indumentaria excluyen a las personas de talla grande, siendo casi imposible conseguir ropa de marca en tallas superiores al promedio. Los obesos se ven obligados a comprar sus prendas en tiendas especiales de dudoso gusto y a precios muy por encima de lo normal.

Un obeso mórbido puede tener serias dificultades para viajar en avión, tren o autobús. Los asientos son pequeños y se encuentran muy próximos, por lo que la persona obesa no entra cómodamente. Muchas personas evitan sentarse al lado de ellos en el transporte público y al no existir asientos especialmente adaptados para personas obesas, algunas compañías obligan a pagar por dos boletos.

En el cine, teatro y otros lugares de esparcimiento tampoco poseen asientos apropiados, por lo que muchos optan por prohibir la entrada al obeso argumentando que la infraestructura del lugar no es adecuada para ellos.

Ahora se sabe que la obesidad es una enfermedad y no una falta de carácter o voluntad, la obesidad ha sido tratada exitosamente por medios quirúrgicos y ahora se sabe que la cirugía Metabolica o de Obesidad es uno de los métodos más seguros y eficaces para terminar con la Obesidad.

Hector BernalMedico Cirujano especialista en cirugía metabólica y de obesidad Miembro de la federación Internacional de Cirugía de Obesidad (IFSO)
www.articuloz.com

jueves, 2 de junio de 2011


Aumento de Peso en la Menopausia

Al iniciarse la menopausia los problemas varían de una mujer a otra. Pero la obesidad es el más común y preocupante.

Hablando con la mayoría de las mujeres mayores de 50 años nos encontramos rápidamente que la menopausia y el aumento de peso están relacionados en su experiencia.

Es muy frecuente el aumento de peso entrada la menopausia y mientras que la causa de esto puede ser debido a cambios de estilo de vida, que no explican por qué de repente estamos desarrollando una tendencia al sobrepeso y a acumular grasa en distintas partes del cuerpo, especialmente en el abdomen, mientras que cualquier peso ganado cuando eran más jóvenes tendía a ser centrado en las caderas.

Se suponía que se debía más a factores psicológicos que puramente fisiológicos. Así, los importantes cambios emocionales experimentados por la mujer durante la menopausia, como los estados de ansiedad o depresión harían que comiera mucho más, lo que conduciría a la obesidad.

La verdad es que los cambios hormonales tienen un papel que desempeñar en esto, aunque el proceso no es completamente entendido. En la menopausia una mujer deja de ovular, y su cuerpo produce niveles mucho más bajos de la hormona femenina estrógeno, que es el responsable del proceso de la ovulación.

La baja de estrógenos, producto de la menopausia, se ha demostrado que causa aumento de peso y que casi con toda seguridad es la razón por la cual nuestros cuerpos cambian de forma.

Si bien las mujeres en edad fértil almacenan la grasa en la parte inferior del cuerpo, después de la menopausia se almacena en el abdomen en lugar de ello, al igual que los hombres. Esto tiene causas que influyen en la salud como las alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono, diabetes, artrosis, hipertensión arterial, insuficiencia venosa y con un mayor de riesgo cardíaco, entre otras complicaciones.

La terapia hormonal con estrógenos a veces se prescribe para controlar los síntomas de la menopausia. Muchas mujeres se sorprenderán al saber que los estudios han demostrado que la terapia hormonal no causa aumento de peso. Algunas mujeres experimentan hinchazón y la retención de líquidos en las primeras etapas de la terapia hormonal, pero esto suele ser temporal y no han engordado. La terapia hormonal puede reducir el riesgo de enfermedades del corazón mediante la prevención de los cambios en el almacenamiento de la grasa corporal alrededor del abdomen y la reducción de colesterol.

Sin embargo, la terapia hormonal se ha relacionado con un aumento del riesgo de cáncer de mama en algunos estudios.

Si encuentra que está ganando peso en la etapa de la menopausia, hay varias cosas que puede hacer.

- Coma saludable, realice una dieta baja en calorías, baja en grasas y con mucha fibra, evitando el azúcar y los hidratos. Consuma vegetales especialmente los más ricos en calcio como el brócoli, espinaca, coliflor, pues la osteoporosis es otro de los problemas. Además zanahoria, todos los vegetales de hojas verdes, todas las hortalizas excepto papa y batata en muy baja cantidad.

Legumbres también proveen buena cantidad de calcio. Consumir soja y sus derivados ya que contienen fitoestrógenos.

Cereales integrales y por supuesto frutas.

- Realice ejercicios físicos regularmente hasta que aumente sus niveles de actividad física, naturalmente cada día. El trabajo en este periodo de la vida a menudo se vuelve menos exigente físicamente, no hay niños que correr después de todo, tenemos menos vacaciones activas y hacemos las cosas más lentamente. Unos 30 minutos de actividad física moderada cada día le ayudará a equilibrar el efecto de ésta.

- Mantener la fuerza muscular y su masa. Use complemento de peso para los músculos del brazo y para caminar o en bicicleta para las piernas. Unas pequeñas pesitas de 1 kilo para los brazos y tobilleras con arena para las piernas.

- Acepte los cambios de la forma de su cuerpo. Si no está pasada de peso, sino que simplemente tiene la cintura más gruesa y piernas delgadas, está bien, no se acompleje.

Consulte con su médico antes de comenzar cualquier programa de ejercicios físicos y régimen de adelgazamiento; si tiene alguna enfermedad o si su condición física se encuentra con los niveles bajos.

Su médico la puede ayudar con los síntomas de la menopausia y el aumento de peso.

Falta de Estrogenos y Obesidad


MENOPAUSIA
La falta de estrógenos en la menopausia favorece la aparición de la obesidad, una patología que afecta al 10-20% de las mujeres adultas en España. Esta fue una de las conclusiones que se sacaron ayer en la sesión inaugural del V Symposium Internacional de Ginecología Endocrinológica y menopausia, que reúne hasta el viernes en Madrid a más de 600 expertos en la materia.
Aunque esta cifra es inferior a la de otros países (un 25-30% en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido), los especialistas alertan de la importancia de evitar esta patología para prevenir enfermedades cardiovasculares, cuyo riesgo es más alto en la mujer menopáusica que en el hombre de edad madura incluso sin tener en cuenta este factor de riesgo.

"Diversos estudios epidemiológicos han puesto de relieve que un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor a 30 aumenta tres veces el riesgo de padecer diabetes tipo 2, casi dos veces el de tener hipertensión arterial y 1,5 veces el de sufrir una dislipemia (alteración de los lípidos), principales factores de riesgo cardiovascular", explicó la doctora Clotilde Vázquez, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

Hasta hace poco, el aumento de la obesidad tras la menopausia se vinculaba a aspectos emocionales y psicológicos relacionados con esta etapa de la vida que ocasionaban que la mujer comiera en mayor cantidad.

En este sentido, la doctora Vázquez señaló que aunque la patogenia de la relación menopausia-obesidad no se conoce por el momento con exactitud, sí está comprobada epidemiológicamente.

Además, añadió, al ser los estrógenos hormonas termogenéticas, cuando disminuye su producción debido a la menopausia, desciende la producción de calor y favorece el depósito de grasa. Otro de los efectos de la falta de estrógenos es el cambio en la distribución de grasa corporal de la mujer. Según el doctor Santiago Palacios, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la menopausia (AEEM), "mientras que los estrógenos producen una distribución de la grasa en las caderas y las nalgas, típicamente femenina, al desaparecer estas hormonas, la distribución de la grasa tiende a ser más similar a la de los hombres, acumulándose más en el abdomen".

Para prevenir la obesidad, lo expertos recomiendan realizar actividad física moderada y de forma regular y disminuir la ingesta de calorías en la última parte del día, sobre todo en la cena, reforzando ésta, a su vez, en el desayuno.

En cuanto al ejercicio físico, la doctora Vázquez apuntó que el más rentable para la prevención de la obesidad y del riesgo cardiovascular es el aeróbico, que no es muy intenso pero que se lleva a cabo de forma regular, siendo preferible practicarlo 30 minutos tres veces a la semana que una hora y media un día. Esta experta recordó que a algunas mujeres adultas les resulta difícil integrar esta práctica en su vida. Por este motivo, abogó por enseñarles cosas que pueden estar más a su alcance, como subir y bajar andando las escaleras de su casa o hacer bicicleta estática.

www.menopausiaweb.com

miércoles, 11 de mayo de 2011



ADOLESCENTES OBESOS TAMBIEN SUFREN DOLORES
DE ESPALDA Y PROBLEMAS DEL DISCO

A la lista de problemas que los adolescentes con sobrepeso y obesidad suelen desarrollar hay que sumarle el dolor de espalda grave y las anormalidades de columna.

En un grupo de jóvenes atendidos por dolor de espalda grave en un departamento de emergencia, un equipo de médicos halló que muchos tenían anormalidades en la zona baja de la columna. La mayoría de esas irregularidades fue en los discos, que son almohadillas similares a una esponja que se ubican entre los huesos de la columna.

Estos problemas fueron más comunes en niños con sobrepeso u obesidad.

"El dolor de espalda y la enfermedad degenerativa de discos son otro inconveniente asociado con la obesidad infantil, junto con la diabetes tipo 2", dijo Judah G. Burns, del Hospital de Niños de Montefiore, en Nueva York, durante la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamédica (RSNA 2009).

"En general, la hernia de disco y la enfermedad de columna se vinculan a los adultos mayores, pero también las vimos en jóvenes obesos. Es el primer estudio que demuestra una relación entre el índice de masa corporal (IMC) y las anormalidades de disco en niños", indicó el científico.

Degeneración precoz de la columna

El equipo de Burns revisó imágenes de columna de 188 adolescentes de 12 a 20 años que se quejaban de dolor de espalda y se controlaron mediante estudios por imágenes en el hospital durante cuatro años.

Los investigadores excluyeron a los niños con un traumatismo u otros motivos que los hubiesen podido predisponer a sufrir dolor de espalda.

Más de la mitad (el 52 por ciento) de los participantes con dolor de espalda presentaban una anormalidad en la zona baja, o lumbar, de la columna. Excepto seis niños, todos padecían enfermedad de disco.

Aquellos con sobrepeso u obesidad eran más propensos que los más delgados a generar problemas de disco.

Los datos de altura y peso de 108 pacientes revelaron que el 66 por ciento de aquellos con sobrepeso tenía una anormalidad en la columna identificada por imágenes, a diferencia del 38 por ciento de los que no adolecían de sobrepeso.

Eso sugiere que tener sobrepeso en la niñez degeneraría la columna precozmente.

"Vimos un aumento de las anormalidades a mayor IMC", lo que indica una "fuerte relación" entre el sobrepeso en la niñez y la enfermedad de discos, dijo Burns.

"El dolor de espalda infantil se suele atribuir a espasmos o calambres musculares. No se espera que la enfermedad de disco se dé en niños, pero mi experiencia dice lo contrario", agregó el autor.

Fuente: http://es.shvoong.com/medicine-and-health/epidemiology-public-health/1968295-adolescentes-obesos-sufren-dolores-espalda/#ixzz1M5mY6jTS

martes, 3 de mayo de 2011

OBESIDAD. Causas psicológicas.


La obesidad, una epidemia contemporánea no es un síntoma nuevo,
siempre encontramos personas con excesivo sobrepeso, pero nunca
hasta las últimas décadas había tenido este carácter epidémico. Para
tomar conciencia de su envergadura basta con echar una ojeada a las
estadísticas. En Estados Unidos la obesidad ya no es una excepción
sino casi una regla. Y, vista la progresión del problema en
Latinoamérica vamos por el mismo camino. Recientemente en
Colombia, una mujer que pesaba más de 220 kg. debió ser
hospitalizada por una complicación en su estado de salud, pero no
podía atravesar la puerta de su cuarto así que tuvieron que derribar
una pared de la habitación para sacarla de allí con grúas. Cuando uno
escucha estas cosas, es casi imposible no preguntarse con asombro:
Cómo se puede llegar a esto?. La persona no se da cuenta de lo mal
que está?. Y en realidad lo mismo que le pasa a la anoréxica el obeso
puede generar una distorsión de la propia imagen corporal, pero a la
inversa. Es por ello que la persona no puede verse a sí misma en el
proceso de deterioro paulatino de su estado, desarrolla una suerte de
“ceguera emocional” que le impide ver lo afectada que se encuentra
por este problema. Estado casi vegetativo del ser, cuerpos deformes,
morbidez, la obesidad extrema es casi una negación del ser. Por otra
parte, el problema mayor del obeso es que es presa de su compulsión
a comer en exceso y eso es lo que produce sus síntomas. Desde
nuestro imaginario social tendemos a negar a la obesidad como
enfermedad: creemos que el gordo no quiere cambiar su realidad y
solemos pensar que “se hace el vivo” y que se entrega siempre que
puede al placer que le produce la comida y lo convertimos en objeto
de burla y discriminación. Como conjunto social también tenemos
otras formas más elaboradas para negar y discriminar: falta de
legislación, estructuras sanitarias, etc. Los manuales de psiquiatría
más actuales, podrían ser considerados en esta línea ya que sólo
reconocen a la anorexia y bulimia dentro de los “trastornos de
conducta alimentaria”, y queda así excluido el desorden más
frecuente en la alimentación: comer excesivamente. Comúnmente la
obesidad es tratada como una enfermedad de la que se ocupan
endocrinólogos, médicos, dietistas, todo el sistema de salud, excepto
los profesionales de la salud mental, siendo que la mayoría de las
obesidades, aun cuando haya una predisposición orgánica o genética
a la ganancia de peso, responden a causas psicológicas. La obesidad
es un problema de adicción a la comida. No debemos pensar que la
persona obesa come porque le gusta sino porque no puede dejar de
comer, como todo adicto no siente placer en casi ningún aspecto de
su vida, se siente desequilibrado, intranquilo, desvalorizado y sus
actos desembocan siempre en malestar y sufrimiento. Es en su
inconciente donde encontraremos las causas por las que no puede
abandonar su padecimiento. El punto de encuentro entre todas las
adicciones parece ser la fuga de una realidad “dolorosa” y estresante,
y en contrapartida, la búsqueda del placer inmediato. Pero este placer
es tan fugaz que pasado este momento el adicto se reencuentra otra
vez con su círculo y su angustia. La dificultad radica en saber qué
produce esta conducta compulsiva en esa persona, ya que cada caso
tiene su singularidad. No hay dos cuerpos que procesen los alimentos
de la misma manera ni tampoco dos psiquismos iguales. Por qué
alguien elige sufrir de esta manera no tiene una explicación general,
sino siempre una respuesta singular.

Lic. en Psicología Javier Alvarez