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miércoles, 27 de julio de 2011


Publicado en 'PLoS Biology'
Tratan la obesidad a través del sensor cerebral de glucosa
Foto de la Noticia
Foto: DIDIER VIDAL/WIKIMEDIA COMMONS
MADRID, 27 Jul. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Albert Einstein College of Medicine (Estados Unidos) han descrito el proceso por el que el cerebro percibe la dinámica de glucosa del cuerpo, y observaron que un defecto en este proceso de detección de glucosa contribuye al desarrollo de la obesidad y otras enfermedades relacionadas con ésta, lo que ha permitido tratar el sobrepeso a través del sensor cerebral de glucosa, en ratones.

En un artículo publicado en 'PLoS Biology', el equipo de investigadores, dirigido por el doctor Dongsheng Cai, también descubrió que la corrección de este defecto puede normalizar el balance de energía corporal y de este modo tratar la obesidad.

El hipotálamo juega un papel clave en el control de la energía y el equilibrio del peso corporal. Para mantener el equilibrio entre la ingesta y el gasto de energía, el hipotálamo evalúa constantemente los indicadores del nivel de energía de todo el cuerpo mediante el muestreo de las hormonas (por ejemplo, de la insulina y la leptina), así como de los nutrientes (como la glucosa). Aunque sabemos bastante sobre los procesos hormonales del hipotálamo en la regulación de la alimentación, los mecanismos para la detección de nutrientes están mucho menos claros.

Por otra parte, una relación causal entre un defecto en el sensor de nutrientes y la obesidad está aún por verificarse. El equipo dirigido por el doctor Cai ha descubierto una nueva función de un complejo de proteínas: el factor inducible por hipoxia (HIF), en la detección de glucosa del hipotálamo y el balance de energía corporal en ratones.

El HIF es un factor de transcripción nuclear que induce la respuesta a la hipoxia. Cuando el nivel de oxígeno de los tejidos es bajo, el HIF se activa para promover la adaptación metabólica celular y la supervivencia.

Investigaciones recientes han estudiado la participación del HIF en el metabolismo de las células tumorales. "Sin embargo, una cuestión interesante, aunque aun sin explorar, es si el HIF puede ser importante para la regulación del metabolismo de todo el organismo, y, si es así, qué tejidos y células son responsables" comenta el doctor Cai, experto en neuroendocrinología y metabolismo.

El doctor Cai y su grupo examinaron el HIF en el hipotálamo y, sorprendentemente, encontraron que puede ser activado por la glucosa y que esta regulación se asocia con el control del apetito en los ratones.

En la identificación de las bases celulares y moleculares, el equipo encontró que en respuesta a la glucosa, el HIF actúa en un grupo único de sensores de nutrientes en el hipotálamo para inducir al gen POMC - un gen conocido por desempeñar un papel clave en el control hipotalámico de la alimentación y el peso corporal. El equipo demostró también el potencial terapéutico del HIF del hipotálamo para controlar la obesidad. Mediante la estimulación del HIF a través de los genes, los ratones se vuelven resistentes a la obesidad a pesar de un exceso de nutrición.

"Fue un descubrimiento emocionante", explica Cai, "nuestro estudio es el primero en demostrar que, más allá de su función clásica de sensor de oxígeno en las células, el HIF en las neuronas del hipotálamo puede detectar la glucosa para controlar el equilibrio en la ingesta y el gasto de energía, fundamental para la homeostasis del peso corporal. "En general, este estudio pone de manifiesto el papel crucial del HIF neuronal en relacionar el sensor de glucosa en el cerebro con la regulación cerebral del peso corporal y la fisiología del metabolismo". Estos resultados también ponen de relieve una implicación potencial para el desarrollo de activadores del HIF neuronal en el tratamiento y prevención de la obesidad.

domingo, 9 de enero de 2011


Obesidad: ¿pizza, virus o genes?
Múltiples factores parecen ser responsables de la obesidad con evidencias que respaldan cada una de estas múltiples causas. Un reciente artículo hace mención a una de ellas. Algo para leer mientras camina en la cinta.


En la Argentina los problemas asociados con la obesidad son considerados una cuestión estética hasta el momento, aunque se está tratando de cambiar la legislación vigente para que las obras sociales se hagan cargo de los tratamientos en los casos que así lo requieran. Son numerosos los casos de obras sociales demandadas por sus afiliados para que cubran determinados tratamientos contra la obesidad. Además de las evidentes consecuencias para la salud de un individuo, la obesidad tiene implicancias sociales y culturales que se ponen de manifiesto cada vez con mayor fuerza.

Tal vez la evidencia más clara de que el tema del peso corporal se está transformando en una cuestión con ribetes epidémicos a nivel mundial lo tengamos en nuestra querida televisión. Canales nacionales y extranjeros nos muestran las viscisitudes de grupos de participantes que tratan de bajar de peso. Médicos, nutricionistas, psicólogos y personal trainers que no dan respiro son parte del equipo que rodean a estos sacrificados seres humanos en busca de su peso ideal.

Un reciente trabajo científico aparecido en los medios puede ser interpretado livianamente como una indicación de que balanza, sentadillas y control calórico puede no ser el camino correcto. Pero, ¿es realmente así?

El trabajo de la Dra. Wardle


La noticia se esparció por los medios más rápido que un cadete de delivery. Un trabajo publicado en la última edición del American Journal of Clinical Nutrition indica que existe un componente genético que predispone a la obesidad. Un grupo de investigadores británicos llegó a esta conclusión luego de trabajar con gemelos idénticos de entre 8 y 11 años. Las investigaciones sobre obesidad infantil constituyen un campo de intensa actividad, especialmente si tenemos en cuenta el aumento marcado de la población obesa, tanto adultos como niños, en todo el mundo.

Recordemos que de acuerdo a datos del año 2007 provistos por la Organización Mundial de la Salud, se considera que cerca de 2000 millones de personas en todo el mundo son obesas o tienen sobrepeso. El mismo informe calcula que cerca de 20 millones de chicos de menos de 6 años caen dentro de esta categoría.

Un informe similar del año 2005 decía que alrededor de un 75 %, tanto de hombres como de mujeres, en diversos países (incluida la Argentina) tienen sobrepeso.

Alguna vez se consideró que esta enfermedad afectaba sólo a los países de altos ingresos. Ahora, la obesidad y el sobrepeso se extienden también por países de bajos y medianos ingresos, en especial en los asentamientos urbanos.

Pero, ¿qué causa este aumento descontrolado de peso? Las causas parecen ser variadas. Veamos un par de ellas.

Genes sospechosos

Esta no es la primera vez que el componente genético y la obesidad aparecen conectados. En 2007, un nutrido grupo de investigadores británicos publicó sus resultados en la revista Science asociando al gen FTO con un incremento de la masa corporal. Trabajando con más de 38.000 personas de 7 años o más, los investigadores determinaron que aquellos individuos que tenían dos copias de este gen pesaban, en promedio, 3 kilos más que aquellos que no lo tenían.

La función del gen FTO no esta totalmente esclarecida pero se sabe que tiene algo que ver con el hipotálamo, el cual, entre otras cosas, regula el apetito. A pesar del interesante descubrimiendo los autores fueron cautos y dijeron que no creían que este gen fuera responsable de la epidemia global de obesidad.

Otro gen había sido descubierto previamente en 2003: el GAD2. Investigadores norteamericanos, franceses y británicos responsabilizaron a este gen de estimular el apetito en su artículo publicado en la revista PLoS Biology.

Pero hay muchos genes más que han sido relacionados con la obesidad a través de distintos trabajos científicos. Un vistazo a una base de datos disponible en Internet me permitió contar 75.

La pista viral

No todo queda en nuestros genes. Ya en la década del 90 un trabajo de Nihil Dhurandhar, investigador hindú, indicaba que el virus SMAM-1 causaba un aumento de la grasa abdominal acumulada en pollos. Notablemente, un grupo de pacientes obesos que fueron testeados para detectar la presencia de anticuerpos contra este virus dieron positivo: habían estado expuestos al SMAM-1.

Varios años después, Dhurandhar y Richard Atkinson (profesor emérito de Medicina y Nutrición de la Universidad de Wisconsin) publicaron un trabajo en la revista Obesity Research explicando el mecanismo por el cual otro virus, el Ad36 incrementaba el contenido de grasa en pollos y ratones.

De acuerdo a Atkinson los animales infectados con Ad36 elevan su contenido de grasa corporal entre un 50 y un 100%. El investigador también determinó que alrededor de un 30% de las personas obesas testeadas tenían anticuerpos contra este virus, o sea que habían estado expuestos al mismo. El hallazgo fue tan interesante que Atkinson creo una compañía, Obetech, donde se continúa investigando sobre la relación entre virus y obesidad. Obetech tiene un valor agregado: con un análisis puede decirle si Ud. tiene anticuerpos contra el Ad36 y por lo tanto cierta predisposición a engordar.

Nuevos resultados estuvieron disponibles el año pasado cuando un trabajo presentado en el congreso de la American Chemical Society mostró que al exponer stem cells (las células que pueden convertirse en cualquier tipo celular del organismo) al virus Ad36 más del 50 % de las mismas se convertía en células que acumulan grasa.

Más complicado de lo que parece

Examinando la inmensa cantidad de información disponible respecto al tema de la obesidad se puede concluir algo sin lugar a dudas: las posibles causas son múltiples y distintos expertos le asignan a algunas más importancia que a otras. Desde falta de sueño, pasando por bebés de madres de mayor edad hasta las causas genéticas y virales arriba descriptas.

En lo que sí muchos expertos están de acuerdo (y el sentido común los apoya) es que es imposible comer en exceso y bajar de peso. Si no se queman las calorías que se consumen, el aumento de peso es inevitable. Y de esta ley de la física nadie se escapa aunque algunos puedan tener una mayor predisposición que otros pero de esta ley de la física nadie se escapa.

Otro punto a tener en cuenta es que nuestros genes no han cambiado mucho en los últimos 100 años pero nuestro estilo de vida sí. De hecho, el trabajo publicado por la Dra. Wardle y sus colaboradores (el que apareció recientemente en todos los medios) comienza diciendo: “el dramático incremento en obesidad infantil en los últimos 15 años se debe claramente a cambios en el medio ambiente porque los genes no se han alterado”. Esto indica que, si bien el componente genético puede contribuir, el mismo no es 100 % responsable.

Lo que algunos temen es que mucha gente que padece esta enfermedad tome esto como una excusa para darse por vencida. Decir “es genético” para algunos equivale a decir “no hay nada que se pueda hacer” (al menos hasta que se pueda tratar al gen responsable del problema). Para muchos especialistas culpar a la epidemia de obesidad en causas virales o genéticas es como tapar el sol con un dedo. El Dr. Kottke, cardiólogo del Centro Cardíaco del Hospital St. Paul en Minnesota afirma: “Es como decir que no necesito dejar de fumar porque para cuando tenga cancer de pulmón va a haber una cura”. El médico culpa al estilo de vida: “Ni siquiera tenemos que levantarnos del asiento para cambiar el canal y el precio de la comida chatarra está en niveles increíblemente bajos” agrega.

Tal vez lo más apropiado sea tomar la reciente información acerca de la conexión entre factores genéticos y sobrepeso y procesarla de la siguiente manera: si un chico tiene algún gen que lo predisponga a convertirse en obeso, se deben redoblar los esfuerzos para controlar su dieta y la actividad física que desarrolla. No olvidemos que el equipo de la Dra. Wardle publica que la familia es importante para prevenir el desarrollo de obesidad en una edad temprana si bien el control de la obesidad a largo plazo necesita de esfuerzos individuales y sociales para modificar el medio ambiente.

En definitiva, volvemos a lo que ya sabíamos: una dieta adecuada, horarios de comidas que se respetan, comer en un ambiente tranquilo y hacer actividad física son elementos clave para evitar el sobrepeso. Y si usted ya esta saltando de alegría pensando que sus genes son culpables de esos kilitos de más tome envión y siga saltando en el gimnasio, el parque o donde más le guste. Seguro que su cuerpo se lo va a agradecer.

Cómo calcular si Ud. es obeso o tiene sobrepeso

Conociendo su peso (P) en kg y su altura (A) en metros elevada al cuadrado divida P/A2. El valor resultante de dicha división se denomina Indice de Masa Corporal (IMC). Si el mismo es igual o superior a 25 usted tiene sobrepeso. Un IMC igual o superior a 30 indica obesidad.

Fuentes
Boutin, P. et. al. GAD2 on Chromosome 10p12 Is a Candidate Gene for Human Obesity. PLoS Biol 1(3): e68, 2003.
Vangipuram, S., et. al. A Human Adenovirus Enhances Preadipocyte Differentiation. Ob. Res., 770, 12 (5), 2004.
Wardle, J., et. al. Evidence for a strong genetic influence on childhood adiposity despite the force of the obesogenic environment. Am. J. Clin. Nutr. 87, 398, 2008.
Obesity Gene Map Database. http://obesitygene.pbrc.edu/

martes, 24 de febrero de 2009


Estudio en ratones arroja luz sobre gen de la obesidad



LONDRES (Reuters) - Científicos alemanes lograron demostrar cómo un gen largamente relacionado con la obesidad haría engordar a las personas, un hallazgo que podría conducir al desarrollo de nuevos medicamentos para controlar el peso.
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Los ratones sin el gen FTO no engordaron y tuvieron menos tejido graso en general porque quemaban más calorías aún cuando se movían menos y comían más, según un estudio publicado en la revista Nature.


El FTO se ha relacionado desde hace tiempo con la obesidad. Estudios previos demostraron que las personas que portan dos copias de la versión "obesa" del gen pesan en promedio 3 kilos más y son casi un 70 por ciento más propensos a la obesidad que aquellos con otras variantes.

Las personas y los ratones son genéticamente similares.


"Por ello, este trabajo brinda una pieza central de evidencia que respalda la idea de que el gen FTO en sí estaría involucrado en los efectos de las variaciones genéticas humanas comunes sobre la grasa corporal", dijo en un comunicado el investigador Stephen O'Rahilly, de la University of Cambridge.

"Este descubrimiento promoverá la investigación sobre el desarrollo de medicamentos para modular la actividad del FTO", agregó O'Rahilly, quien participó del estudio.


La obesidad, que aumenta el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y las dolencias cardíacas, se ha vuelto un problema mundial cada vez mayor a medida que las personas ejercitan menos y llevan estilos de vida más sedentarios.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 400 millones de personas son obesas a nivel global y las cifras están en aumento.


En su estudio, Ulrich Ruther y colegas de la Universidad de Dusseldorf, en Alemania, tomaron a un grupo de ratones y desactivaron en ellos el gen FTO para ver si podían descubrir porqué hacía engordar a los animales y a las personas.

Los roedores que carecían del gen eran delgados porque quemaban muchas calorías espontáneamente, lo que sugiere que el FTO juega un papel importante en el control del metabolismo, informaron los autores.


"El gen FTO humano ha demostrado anteriormente estar relacionado con la obesidad humana. Sin embargo, esta investigación ayuda a desentrañar la interacción compleja que hay entre factores expresados en el cerebro que controlan tanto el apetito como el metabolismo", dijo David Cameron-Smith, experto en obesidad de la Deakin University, en Australia.

"La cura, genética o farmacéutica, para la obesidad humana está a años de distancia, pero cualquier conocimiento sobre cómo controla el cerebro el hambre y el crecimiento ayudará a resolver esta enfermedad compleja", añadió Cameron-Smith.


(Reporte de Michael Kahn; Editada en español por Ana Laura Mitidieri para YAHOO.com.ar)